sábado, 3 de marzo de 2018

El viejo y la luna




           
Érase una vez que se era, un castillo en el que vivía una Duquesa. Estaba junto a la playa de los dominios del Rey Manilva. La duquesa y sus soldados defendían el reino, de los ataques de piratas y corsarios procedentes de países sarracenos. Un día, el Rey Manilva le dijo a la Duquesa: “En agradecimiento a tus servicios por defender mi reino y a mis súbditos, te voy a mandar a la pintora de la corte, para que llene las vacías paredes de tus salones y aposentos, de hermosos cuadros, de luminosos colores y de vida propia.”


Olbia Lula

   La pintora se llamaba Olbia Lula. Rauda y veloz se prestó a cumplir la orden de su rey. Dibujó primero y pintó después, los nuevos habitantes “estáticos” del castillo. Colgó sus vivas pinturas en paredes, columnas y todo aquel hueco vacío de vida. 
   La Duquesa quedó tan contenta que le dijo a la pintora: “Para que puedas seguir disfrutando de tu obra, quiero que todas las mañanas desayunes conmigo, después de controlar que tus cuadros están bien.” 
   “Así lo haré contestó la pintora.”
    En Las pinturas de Olbia Lula, se veían algunos paisajes y diferentes personajes. Todos ellos realizando sus quehaceres diarios. 
   A la puesta del sol, nobles y plebeyos se retiraban a sus aposentos, hundiéndose en sus jergones,  y recuperando energías para poder servir al Rey el día siguiente. En el castillo de la Duquesa no era diferente. Al momento en que la oscuridad de la noche, no dejaba ver los árboles ni tampoco su sombra, todo ser viviente en el reino de Manilva, estaba dormido.
   Pero hete aquí que en lontananza, más allá del horizonte del mar, aparecieron unos sutiles rayos de luz. “¿Qué será eso?” se preguntó quedamente un anciano abuelo. Intrigado, esperó unos instantes y al poco, empezó a aparecer, más allá del infinito, lo que asemejaba ser una enorme bola de luz, que inundaba todo de su color rojizo. Era lo que le habían contado que ocurría algunas noches, pero que él nunca había visto, porque a su creadora no le gustaba la oscuridad. En el preciso instante en que esa resplandeciente bola, hubo emergido totalmente del fondo del mar, sus luminosos rayos penetraron por la ventana de uno de los salones del castillo, con tan buena fortuna que fueron a dar en la frente del abuelo. Éste, cerró sus ojos para no deslumbrarse. La luz era tan intensa, que ligero movimiento, no bastó. El abuelo tuvo que desperezarse y hacer un esfuerzo, para taparse los ojos con su sombrero. Fue entonces cuando vio que no estaba solo. Junto a él estaban todos sus amigos y compañeros que, de forma estática, permanecían quietos en sus lienzos. “Ellos también merecen disfrutar de esta maravilla de la naturaleza” pensó el viejo abuelo. Se salió de su lienzo, y uno a uno, fue tocando la frente de todos sus compañeros de viaje. Ese contacto físico era lo que necesitaban, era la diferencia entre el ser y el parecer, era la llave de la vida. Poco a poco todos ellos fueron saliendo de sus lienzos, y siguiendo al viejo salieron del castillo por la ventana de la luz. Juntos anduvieron unos metros, hasta llegar a la playa, donde percibieron el inmenso placer de mojarse los pies, con el agua del mar. Sólo la bailarina le preguntó al viejo: “abuelo ¿qué hago con mis zapatillas de satén rosa?”. “Quítatelas, no vayas a mojarlas” contestó el viejo. La niña que recogía flores, se puso a recoger conchitas. La flor más bonita se sentó en la arena junto al abuelo, con los pies en el agua. Fantasía jugaba con su barquito en la orilla. La chica de aire noble, seguía pensando mientras miraba fijamente como la bola de luz se dirigía  a su cenit. Una adolescente enamorada, intentaba leer poemas de amor, pero no tenía luz suficiente. Una señora muy hacendosa, cosía las costuras de una camisa y de tanto en tanto emitía un ligero “Ay” por haberse pinchado un dedo con la aguja. Cuatro niños intentaron coger su barca, para remar hacia la bola de luz. “No” les dijo el abuelo “eso está más allá de lo que nosotros conocemos, y puede ser peligroso”. Ellos se conformaron y se pusieron a jugar en la playa, con unas bolas de alga marina. Una señora ya adulta, que estaba acostumbrada a disfrutar de la soledad en una playa, al estar en compañía, se subió la única prenda de vestir que llevaba y se la anudó para evitar que cayera. Un pescador, al ver la tranquilidad del mar, pensó “ésta es la mía”. Se metió en el agua hasta las rodillas y lanzó el sedal con toda su fuerza. Otra niña pintora, se sentó en la arena y se puso a pintar garabatos. De esta forma todos los personajes, iban realizando sus quehaceres cotidianos. En la playa disfrutando del mar.

Olbia Lula


   Así iba transcurriendo la noche, hasta que el abuelo vio encender una lumbre en los aposentos del chambelán del castillo. “¡Corred, corred! Tenemos que volver al castillo” dijo el viejo. En menos que tarda el gallo en anunciar el nuevo día, todos ellos estaban en el castillo y enclaustrados en sus lienzos.
   El chambelán, que había oído unos ruidos en los salones, apareció con una candela encendida. La levantó para observar mejor y vio que en el suelo y junto a todas las paredes había regueros de arena. “Estas paredes están muy viejas” dijo en voz alta el chambelán “habrá que avisar al constructor, para que las restaure”. El viejo abuelo que tenía enfrente a la costurera, le guiño un ojo. 


Olbia Lula


Ella le devolvió una sonrisa. Al salir del salón, a la altura del cuadro de una bailarina cansada, el chambelán tropezó con unas zapatillas de satén rosa. “¿Quién se habrá dejado esto aquí? pensó. Tengo que decirle a las doncellas, que ordenen mejor los salones. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.


  
De Alejandro Lorenzo

viernes, 2 de marzo de 2018

Lengua y creación en los mitos






                                                         A Daniel Nava

He leído con ardor cuanto mito ha llegado a mis manos y en cada uno el mundo se me ha presentado con sus mejores galas. Todas las civilizaciones se han dado a la tarea de romper el pesado silencio con cuentos que intentan explicar el origen de las cosas. El Sol, la Luna, las estrellas, los ríos, los mares, los dioses, el fuego, y un largo etcétera, son explicados poéticamente a través del lenguaje. 


Imaginemos a un hombre, de tiempo inmemorial, maravillado con la lluvia que riega sus campos y que para agradecer este prodigio construye, gracias a su lengua madre,  un ser extraordinario que señorea sobre la vida y la muerte. Imaginemos que ese hombre, rodeado de los habitantes de su comarca y bajo el candil de una fogata, refiere el relato que construyó con la fuerza expresiva de un poeta. Imaginemos a los habitantes de esa comarca relatando lo que le escucharon proferir cierta noche y levantando un templo y danzando al pie de un colosal Dios esculpido en piedra.
El poeta eleva el lenguaje y lo entrega. Elevarlo y entregarlo – a todos – es su labor. Decir esto, es como decir que hay verdades subjetivas que son descifradas para recrearlas en el arte. Ciudades como el Vaticano, la Meca o Jerusalén fueron construidas con el ímpetu de los cielos que el hombre desea alcanzar y son ejemplos irrefutables de lo que afirmo.  
Ahora bien, ¿quién puede negar que la cima del Auyantepuy – como aseveran los pemones – es el hogar de Tramán-Chitá, el ser supremo del mal, cuando sabemos que una montaña temible puede albergar fácilmente a un Dios temible o que el Chimborazo tiene algo que incita a cantarle? ¿Quién puede contradecir a los mayas por pensar que la palabra y su eco crearon desde la hormiga hasta el volcán que una vez despertó para destruir Pompeya o a los incas por creer que el oro es la sangre del Sol? ¿Quién puede ignorar que a veces es conveniente que la poesía suplante a la razón?
La Biblia cuenta, en el Génesis, que provenimos de un primer hombre llamado Adán y de una primera mujer llamada Eva, pero El Banquete de Platón refiere que eran tres los géneros humanos: uno masculino que descendía del Sol, el femenino de la Tierra y el andrógino, que participaba de ambos sexos, de la Luna. Estos relatos intentan revelar, por medio de la belleza, aspectos de una especie que entiende perfectamente el lenguaje de la belleza.   
 He pensado, gracias a mis lecturas, que así como el molino depende de su eje y las sombras de la luz… dependemos de los mitos para intentar desentrañar los misterios; en ellos encontramos un puñado de magia para hacerle frente a lo que la lógica por sí misma no puede explicar y la garantía de que las palabras sostienen el universo.  

Francisco José Aguiar


martes, 27 de febrero de 2018

Reseña de El cuento más largo



Hoy os quiero presentar "El cuento más largo" de Francisco José Aguiar. Se trata de un libro de cuentos cortos o microcuentos, de los que más sorprende es precisamente su extremada brevedad y buena factura.


Acabo de leer esta obra y para mi es una de las mejores si no la mejor muestra de síntesis en el condensado mundo del cuento corto. El autor ha sido capaz de extractar grandes sucesos en apenas uno o dos renglones en muchos de los casos, obligando al lector a hacer una profunda pausa final que le lleva indefectiblemente a asimilar todo un cuento y su siempre afortunada conclusión.
Muy feliz de haber escogido esta obra y deseosa de conocer más de este autor.





Luisa M. Chaves




sábado, 7 de octubre de 2017

Malquerencia



Y por más que se le desgañite el corazón, si es que el corazón se puede desgañitar, enmudecer de tanto gritar, de inquietarse a todas horas, no se puede hacer nada si ese alguien a quien van remitidas tales señales de afecto permanece inmutable.

Luisana Pérez

 Ella, Gladymar, no escucha. Bueno, escucha pero se hace la desentendida. Ya le hemos dicho a Javier que no gaste pólvora en zamuro, pero él sigue haciendo malabares para captar su atención. Hasta se ha metido en cuentas enormes para comprarle regalos costosos. La sortija de oro que le regaló la dejó ahí, ahí en el mostrador. Coño, entiende, nunca te ha querido y nunca te querrá. Asiente con la cabeza, enarca las cejas pobladas que se gasta, y me habla con esa voz lacerada que alguna vez tuve. ¿Por qué no te vas por un tiempo? No hay lumbre que dure hasta la eternidad. Acepta esta plata, paga tus deudas y vete. Pero ni acepta la plata ni me escucha. Juega con la sortija, la hace girar. Lo miro como viéndome a mí mismo en la juventud. Lo dejo solo. Ya bien entrada la noche: la sortija continúa girando. 



 Francisco José Aguiar


domingo, 14 de mayo de 2017

Olbia Lula



Hola amigos, hoy os quiero presentar el excepcional trabajo de Olbia Lula. Acabo de tener la suerte de conocerla personalmente y de ver su trabajo en su exposición del Restaurante La Bodega de Torremolinos (que puedes visitar hasta fin de Mayo), y no puedo menos que sentirme impresionada por la calidad de su obra y la altura de su personalidad.




La esencia misma de la artista se ve fielmente retratada en la calidez que ya viene caracterizando su paleta ensoñadora. 



Olbia Lula otorga una suerte de halo de luz acogedora, pausada y bella a toda  la estancia; 



resultando, a mi parecer de esta forma el recorrido por la obra expuesta, una experiencia agradable y acogedora, como lo son en si cada una de sus creaciones.

























He podido sorprenderme al saber por ella misma, que muchos de sus trabajos son en realidad, autorretratos.



Olbia participará próximamente en la prestigiosa exposición colectiva "La belleza del ser" en Benalmádena. No dejes pasar la oportunidad de disfrutar de cerca de la dulzura y saber hacer de sus pinceles. 


Si estás interesado en adquirir alguna de sus obras, quieres saber más o contactar con la autora, puedes hacerlo a través de su dirección de facebook:





jueves, 30 de marzo de 2017

Aniezska Lorek





Agniezszka Lorek

Cuando conocí su obra no creí que fuera real, pero Agnieszka tiene el don de crear sueños...
Las poses y las composiciones de sus modelos, siempre pensativas y dulces, inducen a imaginar qué imaginan en su mundo de perfecta fantasía.






Si buscas algo único y mágico, entonces has venido al lugar correcto. 






Su pasión es la fotografía y le encanta trabajar en varios proyectos que le permiten dar rienda suelta a la creatividad verdadera.



Tiene su sede en Gales del Sur, Reino Unido, sin embargo a menudo viaja a diferentes partes del país para proyectos.





Es una artista de retoque profesional y usa la gama alta de software de retoque digital para crear.



Si tienen alguna pregunta por favor pónganse en contacto con Anienszka Lorek a través de su página de Facebook o el formulario de contacto.



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If your looking for something unique and magical then you've come to the right place.
My Passion is photography and i love working on various projects which allows me to unleash true creativity.
I am based in South Wales, UK however i often travel to various parts of the country for projects.
I'm a professional retouch artist and use high end digital retouching software to create.
If you have any queries please contact me via my Facebook page or the contact form.

Fuente: A.M. Lorek

Contactar con Agnieszka Lorek en:
A. M. Lorek

"La magia de los espejos" y otros ensayos de Francisco José Aguiar

Un canto para los cantores

Un cantor armado con su instrumento, de pie ante el mundo, es uno de los actos más heroicos que pueda registrarse. Dejo esto asentado pues siempre he creído, aunque suene muy rosa, que los cantores redimen a la humanidad. 

Daniel Nava

Unos terminan en plazas, en parques… y sin embargo, estos aparentes perdedores reivindican la belleza. Otros, se encumbran, son aclamados e inclusive, llegan a ser entes representativos de su época. Pero este canto va dedicado al cantor anónimo y al reconocido, no deja a ninguno afuera.  
Pensemos un momento en la divina locura de John Lennon…Lennon imaginó que todo el mundo podía compartir el mundo. Pensemos un momento en Víctor Jara insuflando vida hasta en las cosas yermas. Pensemos en Simón Díaz venerando la tonada. 
Conmueve la fuerza frágil de un hombre que canta, pues esa armonía, esa voz, puede trascender las barreras del espacio y del tiempo. Los tiranos pese al poder político, económico y militar desaparecen en un instante. Pero un cantor, como dice una afamada copla, ni muerto se calla. 
Quién puede decir que Facundo Cabral está muerto, quién puede decir que Bob Dylan morirá. Muchos omiten esta fuerza, de hecho, no la conocen y aunque puedan vivir sin poesía no necesariamente están vivos. La vida está en la firmeza de los hombres que, cual profetas, traen la buena nueva.
Por ello este canto es para ti, para aquel, y para todo el que se anime. 

Francisco José Aguiar





LA MAGIA DE LOS ESPEJOS
(A Guillermo Meneses)


Un espejo es un artículo insustituible para alquimistas, espiritistas y adivinos, y como comprendo que ficción y realidad en la literatura se funden. . . me valdré de ello para abordar su magia con algunos clásicos. No en orden cronológico ni de relevancia, sino en el orden en que mi corazón los ha acunado.  

Ilustración de Daniel Nava


*Si pienso en un escudo – espejo, pienso en la silueta de Medusa inmersa en el metal bruñido, en una mano que se levanta empuñando una espada (la de Perseo), para decapitar al monstruo petrificador de hombres.
*Narciso es interesante no por su belleza, sino por el lago – espejo. Narciso tiene la utilidad de un tesoro sumergido. 
*Una ciudad – espejo como el Macondo de Aureliano Babilonia: muestra que toda ciudad puede desaparecer sin dejar rastros.
*Si tomo a colación un portal – espejo tomaré el de Alicia. . . no sin antes aclarar que no todos los portales son azogues: los hay traslucidos. 
*Las Crónicas de Indias están plagadas de algo que me gusta llamar oro – espejo. Los aborígenes le intercambiaban a los europeos oro constante y sonante por cristales azogados. Tal era su fascinación. 
*El utensilio – espejo es el más común pero no hay que restarle importancia. Existe en diferentes formas y lo encontramos en tocadores, lavamanos, automóviles, en fin, en muchos lugares y sirve para que rostros como el de Frankenstein, el de Quasimodo, el de Helena o el de Cleopatra se enfrenten a ese juez pero bajo diversos veredictos. 
Siempre me han obsesionado los espejos, quizá porque tengo la necesidad de reflejar lo que soy, y si he abordado estos clásicos no es para desentrañar sus misterios. Desentrañar misterios nunca me ha interesado. Prefiero vivirlos. 

Francisco José Aguiar
Ilustración de Daniel Nava